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  • Foto del escritorAlmaplena

Te necesito. Cuestiones que aprendo al practicar prestar atención.



Puede parecer inocente la práctica de prestar atención.

Puede parecer una puerta de entrada a un campo de relajación y bienestar.

También una puerta de salida, una escapatoria incluso, a la vertiginosa vida que a veces llevamos.

Puede sonar simple la indicación que recibimos de “centrarnos en la respiración, dejando pasar todo lo demás”.

Puede resultar seductora esta idea de soltar para cultivar un modo nuevo y bueno de ser. Puede hasta parecer una guía de autoayuda o de pasos para conseguir “la iluminación”. Puede hacernos creer que es posible huir de nuestra obscuridad.

 

Permíteme jugar a ser un poco como la vida y como la muerte, y venir a recordarnos que cuando practicamos prestar atención nos damos cuenta que muchas veces no es así. Afortunada o desafortunadamente, uno elige cómo verlo, la realidad no es como la imaginamos, ni como la merecemos, ni como la deseamos, ni como creemos que debe ser.

La realidad es como ella quiere ser, no como queremos que sea.

Es como es.

 

A ratos, para mí, prestar atención a la realidad ha sido todo lo contrario de inocente, me ha hecho notar el peso de las culpas que cargo, la facilidad con que culpo a otros, me ha dado la entrada al malestar e inquietud que no sabía que portaba, me ha hecho ver y salir de la ignorancia y distracción en la que estaba, para darme cuenta de la cantidad de cuestiones en las que estoy, a ratos, revuelta. Prestar atención puede mostrarnos a cuánto nos aferramos y con cuánta fuerza, sin importar las consecuencias, cuán pequeño es el espacio abierto para recibir lo nuevo, cuánta obscura “maldad” de autosabotaje somos capaces de albergar sin saberlo, ni sentirlo.

 

Comenzar a entrenar mi mente en la capacidad de prestar atención plena (mindfulness) trajo a mi vida una oportunidad valiosa para acercarme a mi misma de un modo nuevo y bueno, que no sospeché y que vengo aquí a agradecer.

Al prestar atención me encontré conmigo misma y mi sufrimiento. Y desde ahí el aprender a cultivar una mirada amorosa y libre de juicio hacia mi misma, abrió un mundo nuevo que me permitió hacer las paces conmigo y con la humanidad, de una manera que, no tenía cómo saber cuánto, iba a necesitar para ser al envejecer.

 

Por eso es que es gracias al encuentro con mi sufrimiento, de un modo compasivo, que hoy soy la humana que soy. Una que se cae mejor: al suelo y a sí misma.

 

La nobleza de la existencia de mi sufrimiento fue la que me enseñó a buscar refugio, a armar comunidades de resistencias, a cantar nuevas canciones, a atreverme a hacer y ser silencio, a escuchar el dolor que llevamos y que gestamos. Y a parir sus frutos, podría decir.

Acogerlo con respeto me volvió humilde para acercarme, a ras de suelo, a apreciar cómo un brote germinaba entre búsquedas de equilibrio, en el viaje que había iniciado al centro de la compasión. Viaje en curso y en el cual tú cumples un papel importante.

 

Vaya toda mi gratitud al sufrimiento nuestro de cada día, que nos hermana, recordándonos cuánto nos necesitamos, que nos rompe el corazón de modo que por ahí nos entre la luz que ilumina nuestra vulnerabilidad. Vaya toda mi gratitud a lo difícil, a la fortaleza nuestra que nos permite sostenerlo como maestro sublime de humanidad.

 

Cuando decidimos prestar atención, podemos sorprendernos de cuánto hay ahí en la realidad esperando por nosotros, cuánto hay dentro y a nuestro alrededor esperando pacientemente ser atendido. Y esa sorpresa es tan distinto vivirla sola que acompañada y apañada. Así es que vengo también aquí a agradecer a todo y a todos los que me ayudaron a sufrir de ese modo compasivo que alivia y previene, que se aprende en conexión con otros, que nos permite detenernos, reconocer y sanar nuestras heridas, soltar aquello que nos hace sufrir, relacionarnos con nosotros mismos y con los demás cada vez un poquito más como lo hace con nosotros el alma de la Tierra.

 



Sé que el camino hacia la sabiduría del no juicio de la compasión, en el que me encuentro, me hace necesitarte a ti. Mucho más de lo que pensé en un comienzo, vengo a comprender. Esa es la parte de mi realidad de aprendiz a colapsonauta que viene a saludarte y honrarte, porque sin ti, fácilmente puedo perderme en distracciones, miedos, rabias y ansiedades.

 

Porque te necesito, gracias por estar ahí!

Porque en este encuentro late dentro el alma de la Tierra, seguimos!

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